lunes, 29 de julio de 2013

Inquietud y sosiego



En Dios solamente está acallada mi alma.
Salmo 62:1
Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre… Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; he puesto en el Señor mi esperanza.
Salmo 73:26, 28




“Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará. Al Señor busqué en el día de mi angustia; alzaba a él mis manos de noche, sin descanso; mi alma rehusaba consuelo. Me acordaba de Dios, y me conmovía; me quejaba, y desmayaba mi espíritu. No me dejabas pegar los ojos; estaba yo quebrantado, y no hablaba. Consideraba los días desde el principio, los años de los siglos. Me acordaba de mis cánticos de noche; meditaba en mi corazón, y mi espíritu inquiría: ¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a sernos propicio? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Se ha acabado perpetuamente su promesa? ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha encerrado con ira sus piedades?… Me acordaré de las obras del Señor; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos. Oh Dios, santo es tu camino; ¿qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas; hiciste notorio en los pueblos tu poder. Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José. Te vieron las aguas, oh Dios; las aguas te vieron, y temieron; los abismos también se estremecieron. Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos. La voz de tu trueno estaba en el torbellino; tus relámpagos alumbraron el mundo; se estremeció y tembló la tierra. En el mar fue tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas. Condujiste a tu pueblo como ovejas”.


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)






lunes, 15 de julio de 2013

Para conocer a Dios, ¿es suficiente la inteligencia?

(Dios dice:) Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.
Isaías 55:9


La fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

Romanos 10:17

La fe no es ni credulidad ni superstición. Muchos científicos, hoy como ayer, fueron creyentes sinceros. La fe es un encuentro con alguien más grande que nosotros y que nos ama. Es un encuentro, una relación de confianza con Dios, quien se revela.
Sin la fe, la reflexión sobre Dios a veces puede satisfacer la inteligencia, pero no nos permite conocer a Dios. Sólo permite tener una idea intelectual de él. Incluso entre los hombres es así: nadie puede conocer realmente a un amigo sólo a través de la razón; es necesaria la inteligencia del corazón. ¡Cuánto más con respecto a Dios! ¡Él es grande y sobrepasa infinitamente todas nuestras reflexiones! Pero esto no es un obstáculo si depositamos nuestra confianza en Aquel que reveló a Dios, Aquel que es Dios y hombre, el Señor Jesús.
Para que haya una relación profunda entre dos personas, es necesaria la confianza. Si desconfío del otro, no puedo comprenderlo, e incluso corro el riesgo de acusarlo injustamente. Del mismo modo, mientras desconfíe de Dios, no podré entender y recibir lo que me dice.
Pero, ¿por qué desconfío de Dios? ¡Quizá precisamente porque es y habla la verdad! Y eso me molesta. Digámosle simplemente: «Señor, tú ves que me cuesta creer, muéstrame lo que forma esa barrera en mí, y revélate a mí». Entonces, al leer la Biblia, podremos escuchar lo que Dios nos dice, lo que Jesús dice.

martes, 9 de julio de 2013

¿Vamos a la deriva?

Retenedor de la palabra.....
Tito 1:9
Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.

Hebreos 2:1


En una playa de Noruega (un país del norte de Europa) se encontró un tronco de árbol que había atravesado el Atlántico. Según su especie, se pudo verificar que seguramente provenía de América del Sur y que debió haber caído en el Amazonas, cerca de la frontera oriental de Perú o Colombia. Había hecho un recorrido de más de 10.000 kilómetros, llevado primero por el gran río y luego por las corrientes marinas del océano. Ese trozo de madera inerte no había gastado ninguna energía, sino que, sometido a la fuerza de los elementos que lo rodeaban, terminó por ir a parar allí.

Cristianos, nosotros también corremos el peligro de ser llevados a la deriva por la corriente de falsas enseñanzas, por la mezcla de diversas opiniones aparentemente cristianas (Efesios 4:14). Esas ideas destruyen lo que Dios ha establecido para nuestra fe y nos exponen a la inmoralidad y a diversas perversiones. Las verdades de la Palabra de Dios son inmutables y el camino que nos trazan es seguro; pero poco a poco nos desviamos si nos dejamos influenciar por las ideas que están de moda. Entonces, gradualmente, nuestra obediencia a la Palabra de Dios se relaja; quedamos a la deriva, y esto podría llevarnos a comportarnos como incrédulos.

Para representar al creyente llamado a resistir a la corriente del mundo, la Biblia emplea la evocadora imagen del pez que tiene aletas para avanzar en la corriente y escamas para protegerse del medio ambiente (Levítico 11:9-10). Sepamos, nosotros también, ir a contracorriente y resistir impermeables a las influencias que podrían arrastrarnos o a nuestros hijos.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

miércoles, 3 de julio de 2013

¿Cómo creerán?

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
Romanos 10:14

Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
2 Corintios 5:20

Era el final del año escolar. Me despedí de mis alumnos a quienes había llegado a conocer y amar durante todos esos meses que habíamos trabajado juntos. De repente me di cuenta de que no volvería a ver a la mayoría de ellos. Un pensamiento terrible se apoderó de mi mente: ¿Es realmente la última vez, o estarán en el cielo conmigo? Recordé el versículo de la epístola a los Romanos: “¿Cómo creerán…?”. Dios acababa de enviar una flecha a mi conciencia. ¿Les he mostrado, al menos mediante mi comportamiento, qué significa ser cristiano?
Amigos creyentes, ¡qué felicidad estar al abrigo del juicio y seguros eternamente, porque nuestro Salvador nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros! ¡Pero cuántas personas que nos rodean no conocen ese gozo! No dejemos pasar ninguna oportunidad para hablar de él y anunciar la Buena Nueva. Escuchemos la voz de Dios, quien nos dice: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo” (2 Timoteo 4:1-2).
Pidámosle igualmente que nos vivifique con la misma actitud del apóstol, quien afirmaba: “Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16). “No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)




lunes, 1 de julio de 2013

A partir del Martes 02 de Julio

Comienzan nuevas series en nuestra programación.
Visión para vivir: Los Misterios de Dios.
Momento Decisivo: Estudio del libro de Apocalipsis.
A través de la Biblia: Estudio del Evangelio de Juan.