miércoles, 3 de julio de 2013

¿Cómo creerán?

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?
Romanos 10:14

Somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
2 Corintios 5:20

Era el final del año escolar. Me despedí de mis alumnos a quienes había llegado a conocer y amar durante todos esos meses que habíamos trabajado juntos. De repente me di cuenta de que no volvería a ver a la mayoría de ellos. Un pensamiento terrible se apoderó de mi mente: ¿Es realmente la última vez, o estarán en el cielo conmigo? Recordé el versículo de la epístola a los Romanos: “¿Cómo creerán…?”. Dios acababa de enviar una flecha a mi conciencia. ¿Les he mostrado, al menos mediante mi comportamiento, qué significa ser cristiano?
Amigos creyentes, ¡qué felicidad estar al abrigo del juicio y seguros eternamente, porque nuestro Salvador nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros! ¡Pero cuántas personas que nos rodean no conocen ese gozo! No dejemos pasar ninguna oportunidad para hablar de él y anunciar la Buena Nueva. Escuchemos la voz de Dios, quien nos dice: “Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos… que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo” (2 Timoteo 4:1-2).
Pidámosle igualmente que nos vivifique con la misma actitud del apóstol, quien afirmaba: “Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16). “No me avergüenzo del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16).

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)




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