martes, 9 de julio de 2013

¿Vamos a la deriva?

Retenedor de la palabra.....
Tito 1:9
Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.

Hebreos 2:1


En una playa de Noruega (un país del norte de Europa) se encontró un tronco de árbol que había atravesado el Atlántico. Según su especie, se pudo verificar que seguramente provenía de América del Sur y que debió haber caído en el Amazonas, cerca de la frontera oriental de Perú o Colombia. Había hecho un recorrido de más de 10.000 kilómetros, llevado primero por el gran río y luego por las corrientes marinas del océano. Ese trozo de madera inerte no había gastado ninguna energía, sino que, sometido a la fuerza de los elementos que lo rodeaban, terminó por ir a parar allí.

Cristianos, nosotros también corremos el peligro de ser llevados a la deriva por la corriente de falsas enseñanzas, por la mezcla de diversas opiniones aparentemente cristianas (Efesios 4:14). Esas ideas destruyen lo que Dios ha establecido para nuestra fe y nos exponen a la inmoralidad y a diversas perversiones. Las verdades de la Palabra de Dios son inmutables y el camino que nos trazan es seguro; pero poco a poco nos desviamos si nos dejamos influenciar por las ideas que están de moda. Entonces, gradualmente, nuestra obediencia a la Palabra de Dios se relaja; quedamos a la deriva, y esto podría llevarnos a comportarnos como incrédulos.

Para representar al creyente llamado a resistir a la corriente del mundo, la Biblia emplea la evocadora imagen del pez que tiene aletas para avanzar en la corriente y escamas para protegerse del medio ambiente (Levítico 11:9-10). Sepamos, nosotros también, ir a contracorriente y resistir impermeables a las influencias que podrían arrastrarnos o a nuestros hijos.

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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