miércoles, 7 de agosto de 2013

¿Puede uno ganarse un lugar en el cielo mediante los sufrimientos?

Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.
Hebreos 10:12



Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Romanos 4:24-25


Con motivo de la muerte de un escritor francés, un crítico de la literatura escribió: «Su final doloroso le permitió sublimar el sufrimiento humano dándole su verdadero sentido espiritual de redención».

La idea de que uno se gana un lugar en el cielo sufriendo en la tierra, y que las tristezas presentes serán compensadas por la felicidad en el más allá, es contraria a la enseñanza bíblica. El sufrimiento humano, por muy intenso que sea, jamás tiene un valor de redención. Por muy grande y aceptada que sea la prueba, no puede expiar la más mínima falta. Incluso los sufrimientos que Jesús soportó por parte de los hombres, desde el pesebre hasta la cruz, no podían expiar los pecados de nadie. Destacaban la perfección de aquel que atravesaba por ellos, pero no tenían valor alguno de redención.
La Biblia enseña claramente que para expiar nuestros pecados, los míos y los suyos, Dios sólo tiene en cuenta los sufrimientos por los que Cristo pasó durante las tres horas tenebrosas de la cruz. Únicamente durante esas horas Dios “lo hizo pecado” por nosotros (2 Corintios 5:21) y lo abandonó (Mateo 27:45-46). “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos” (1 Pedro 3:18). “Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24).
¿Qué podríamos añadir a este sacrificio? Jesús respondió a todas las exigencias de la santidad divina. Dios lo demostró al resucitar a su Hijo de los muertos y al elevarlo a la gloria.


© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

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